ETA asesina a un empresario.

Se trata de Ignacio Uría Mendizábal, al que han disparado dos veces, en frente y pecho, antes de abandonar el lugar del atentado en un Alfa Romeo.

No importa si le han matado porque participaba de la construcción del tren de alta velocidad o si ha sido porque era de uno u otro partido político.

Sólo importa que hoy un hombre ha muerto a manos de los mismos asesinos a los que muchos justifican. Unos asesinos con los que hay que acabar con todos los medios posibles a nuestro alcance, incluyendo las estructuras que les dan soporte: Batasunos y derivados que campan a sus anchas sin temer acciones de la justicia, batasunos que deben a dos cajas de ahorros nada menos que 14 millones de euros que no les han reclamado.

Basta ya. No sólo hay que parar los asesinatos, hay que hacer que todos los que se implican con los terroristas lo paguen.

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