Derviches en Nevsehir.

Turquía es un lugar especial, mágico. A pesar de la deriva totalitaria que está sufriendo, todavía se puede visitar y tener un viaje agradable. En general los turcos -en las zonas turísticas- son amables, políglotas y disfrutan de la compañía de los extranjero. Otra cosa muy ditinta -radicalmente distinta, diría yo- ocurre cuando nos alejamos de las zonas más cosmopolitas: sólo los hombres están en la calle, te observan a tí (no digamos si vas acompañado por una mujer) sin el menor atisbo de vergüenza, te siguen para ver qué haces… y se niegan a venderte hasta una botella de agua a menos que la pidas en turco. Ya iré contando más cosas de Turquía, pero por ahora os dejo con un pequeño vídeo tomado en Sarihan Kervansaray, cerca de Nevşehir (en plena Capadocia). Un espectáculo donde los derviches, una secta sufí, ejecutan su danza sagrada, donde giran tomando la energía de los planetas y transmitiéndola a la tierra, hasta alcanzar el éxtasis. Sé que es muy corto, pero en aquel entonces, mi cámara no era precisamente muy buena y la tarjeta de memoria no daba para mucho.

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