En realidad nunca se fueron.

La prueba es que vuelven a atentar. Sólo la suerte ha impedido una masacre en el atentado contra el cuartel de Durango. Es una demostración más de que con terroristas no se negocia. O mejor dicho, de que no se debería negociar.

¿Cuántos atentados más necesitamos para darnos cuenta de que nunca se detendrán por sí solos? ¿Cuántos heridos, muertos, hemos de padecer antes de que PSOE y PP vuelvan a formar un frente común contra la extorsión y el terror?

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