Inmigración, la pesadilla aeroportuaria.

Cuentan historias sobre la migra que cortan el aliento, historias que incluyen registros, malos modos y víctimas inocentes. Historias que casi siempre terminan con un protagonista histérico y con el susto en el cuerpo, pero nada más.
Así que cuando a bordo del avión te hacen firmar el impreso I-94 para entrar en los Estados Unidos, y lees que firmando estás renunciando a tus derechos en favor de la actuación de sus autoridades, no puedes por menos que sentir un escalofrío. Nadie te obliga a ir, claro, pero renunciar a mi libertad y mis derechos no es algo que me agrade. Mucho menos cuando a diario vemos en las noticias casos en los que el abuso de la fuerza, de la autoridad y del uso del miedo escénico que producen en su víctima. Desde el famoso caso de Antonio Canales, hasta el más reciente caso del chico jamaicano que fue tiroteado ¡50 veces! en su despedida de soltero están latentes en tu memoria, no en primer plano, claro, pero no dejan de ser el sonido de mar de fondo.

Al llegar al JFK la cola para entregar la documentación no era demasiado larga, así que los cuatro que íbamos nos pudimos quedar en la misma cabina. Como mi novia tenía miedo de no entender al americano cuando fuera a entregar el pasaporte, consulto con el asistente de llegada al aeropuerto de Delta Airlines, que me recomienda decir que somos pareja y así pasar juntos el trámite. Dicho y hecho, nos acercamos al mostrador los dos juntos.

-¿Sois familia?

-Si

-¿Qué tipo de familia?

-Es mi prometida, que no habla inglés.

Y entonces, comienza la pesadilla. Con malos modos, hace retroceder a mi pareja, y comienza a elevar la voz -no puedo decir que gritara, exactamente- Una novia no es un familiar, que si quiero joderle, que si me creo que es idiota, que eso me puede costar una denuncia por desacato. En ese momento todas las historias, los maltratos, Antonio Canales e incluso Rodney King desfilan por mi mente. Me hace colocar los dedos índice en un escáner para registrar mis huellas dactilares, aún rezongando por lo bajo. Y entonces, mete mi pasaporte y el formulario en una carpeta roja. Señala una habitación separada del flujo de los pasajeros y me hace entrar. En la entrada, me aguarda un agente con un arma que recoge la documentación y hace que me siente en una silla de plástico.

Mi mirada sigue mi pasaporte hasta un mostrador donde dos funcionarios-policía de la Homeland Security teclean lacónicamente un ordenador. Veo que el chico más joven recoge mi pasaporte e imputa los datos. Cuando termina, me llama. Comienza el calvario.

¿Es la primera vez que viene a EEUU? (Tenía abierto mi pasaporte por el anterior visado)

¿Viene de negocios? (En el formulario dice claramente turismo)

¿Viene solo?

¿Cuánto mide?

¿Cuánto pesa?

Los ojos son de color…

Caucásico.

Sin más, me dice que tengo que esperar, que hay una Agencia interesada en hacerme una serie de preguntas, que puede pasar una hora, o dos, o tres… antes de que vengan. Y que mi salida del aeropuerto depende de lo que diga dicha Agencia. Ni siquiera pude tragar. ¿Agencia? ¿Qué Agencia? ¿Por qué? ¿Qué he hecho, ocurre algo con el pasaporte? Son preguntas que mueren en mis labios. En cambio, le pido permiso para avisar a mi novia y amigos.

Hablamos en la misma puerta, custodiados por un guardia armado. ¿Es una broma? Qué más quisiera yo. Me esperarán en la zona de recogida de equipajes. ?nimos. Como si fuera sencillo.

En la habitación, amplia, solo estamos un judío ortodoxo y yo. Otros pasajeros entran y a los dos minutos salen. Yo me abrazo a mi mochila intentando calmarme, mientras el judío agita los brazos. Se cree la reencarnación de Moisés y su congregación le está esperando. Llama por teléfono, vuelve a agitar los brazos, se acerca a los agentes y les grita que eso le pasa por ayudar a la gente, pero que eso va en su naturaleza. Sin dejar de gritar, se acerca a una esquina y reza como si se quisiera dar de cabezazos. Cada minuto parece tardar una eternidad en pasar. Me tomo el pulso, cuento las pulsaciones uno, dos, tres minutos. 80, 95, 99. Cada vez me encuentro peor. Sólo un loco que se cree la reencarnación de Moisés y yo estamos sentados: los demás pueden salir. Cada vez que uno de ellos lo hace, a mi se me saltan las lágrimas.

Entonces escucho mi nombre a mi espalda, y veo a un guardia empujando a mi amigo. Me acerco tras pedir permiso, y me cuenta que les echan, que no pueden esperarme más que fuera del aeropuerto, que mi maleta está retenida. Le miro aparentando tranquilidad, y le digo que no se preocupe. Por dentro, me pregunto si no debería decirle que llame a la Embajada, o algo por el estilo.

Se marcha, pero los minutos siguen su curso, demasiado lentos para mi imaginación. Me acechan recuerdos de mi último viaje; ¿y si mataron a alguien en mi habitación del hotel después de que la dejara? ¿y si tienen mis huellas en alguno de los restaurantes a los que fui y algo ocurrió? ¿y si simplemente me confunden con otro? ¿y si por no haberme afeitado la perilla me confunden con un islamista? ¿y si…? En hora y media da tiempo a imaginar muchísimos ¿y si?. Quería levantarme, quería preguntar por qué estaba allí, si había algún problema, qué agencia era esa. En cambio, logré tranquilizarme lo suficiente como para seguir sentado con la mochila en las rodillas. Hasta que tuve que ir al servicio.

Jamás olvidaré lo que es ir acompañado por un agente de Seguridad Nacional con el arma desenfundada hasta un baño completamente vigilado por cámaras. Casi no pude ni orinar.

Cuando volví, recogí mi maleta, paranoico por si habían aprovechado mi ausencia para meter algo en alguno de los bolsillos. Llegué a imaginar bultos misteriosos, así que lo más discretamente que pude, deshice y rehice la mochila, ordenador incluido. Así se me pasó algo más rápido el tiempo, mientras llegaba un señor vestido de negro y se adentraba en una sala contigua. La reencarnación de Moisés les contaba a los agentes del mostrador que iba a meterse a asistente de vuelo para joder a su Comunidad, que él podía hacer lo que quisiera, que era Moisés. Y entonces sonó el teléfono.

Adentro, me dijeron. Lleva la mochila por si la quieren revisar.

La habitación estaba en penumbra y tenía un gran espejo al fondo, al más puro estilo Hollywood. Dentro, un agente, de negro, de la C.I.A. me esperaba sentado. Me senté donde me indicó, cuando lo indicó. Decidí ser dócil, contestar estrictamente a lo que me preguntara, sin vueltas ni piruetas, no contestar a sus comentarios. Veinte minutos. ¿Dónde, cómo, por qué, desde dónde, con quién? Las preguntas se repetían una y otra vez. Una y otra vez repetía la respuesta sin dudar. ¿Has nacido en Madrid? El corazón me da un vuelco, pero no dudo: Sí. ¿Seguro? Sí. ¿En Madrid, España? Sí. ¿Tienes amigos en New York? No.

Casi dos horas después de aterrizar, me dio el pasaporte sellado. ¿Algo más, agente?

No. Cuando voy a salir finalmente de la habitación, me llama.

Una última cosa, antes de irse. Novia no es familia.

Hijo de puta.

Aunque tardé más de una hora en poder siquiera pensarlo; no me atrevía.

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13 comments
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  1. Relato de una pesadilla en inmigración de EEUU…

    En este blog cuentan la pesadilla que sufrió un español en el aeropuerto JFK de Nueva York, en inmigración, en el que incluso le interrogó la CIA. Interesante….

  2. Joder tío esto es para presentar una queja a nuestro gobierno y que el ministro de asuntos exteriores exija un trato justo para los turistas españoles. No tenemos por que aguantar la extraña conducta de los anglosajones cuando vamos a dejarnos nuestros euros en su país. Además ellos vienen a España y se les trata de puta madre cojones!!

  3. [...] Lo mejor leer la historia en la bitcora Rouget.es, terrible. [...]

  4. Penoso. Cuánto amargado frustrado inculto hay entre esos agentes de seguridad aduaneros. Confirma esa máxima de que “el ser humano, en cuanto tiene algo de poder, lo utiliza para humillar a los demás”. Será que en su casa son unos pringaos y no pueden desahogarse más que en el aeropuerto. Se lo pasarán pipa.

  5. Pues estoy de acuerdo con Colormar. No creo que sea un problema del Gobierno de los EEUU, sino de la sensación de poder que tienen los agentes de inmigración, casi Dioses, sin supervisión y cuyos “clientes” están completamente privados de derechos.

    Si le sumamos que normalmente, y por lo que he podido ver en mis viajes los agentes (casi) siempre pertenecen a una minoría étnica… pues tenemos la receta del abuso a la orden del día.

  6. Amigo, uno de los motivos por los cuales NI SE ME PASA POR LA IMAGINACION ir a EEUU, es por no firmar esa mi*rda de papel.
    No se que se te ha perdido en ese antro dictatorial llamado USA.

  7. que dificil debe haber sido para tí, eso es violación a los derechos humanos.
    No creo que al turista lo tengan que tratar como delincuente y tenga que pasar por esas agresiones.

  8. Hola, a mi me paso algo simular en el aeropuerto de new york la semana pasada y la verdad me gustaria poder hacer algun tipo de reclamación al respecto, ¿alguien sabe como puedo hacerlo? gracias

  9. Pues la verdad es que tendría que ser una queja en la Embajada de Estados Unidos, aunque no tiene fundamento. Como bien habrás notado, lo primero que haces, aún en el avión, es renunciar a todos tus derechos, incluído el de reclamarles por cómo te traten o porque te hayan retenido.

  10. acabo de retornar de nueva york y yo tambien estuve 3 horas retenido en esa ofinilla de 2 filas de asientos de plastico vigilado por 1 policia y esperando una llamanda telefonica de washington dando el ok a mi entrada.
    Pasaron arabes, sudamericanos, ucranianos, rusos y todos salian en 5 minutos a lo maximo sin necesidad de recibir el ok telefonico de la CIA
    una pesadilla

  11. Menuda pesadilla. Que miedo me has dado con todo ésto… Yo voy en Enero a Orlando, a pasar en Florida 6 meses estudiando y espero no tener problemas en la frontera!

    A alfonso le digo que ese comentario de “pasaron arabes, sudamericanos, ucranianos.. etc”. ¿Porqué habrían de pararles a ellos y a ti no? Es un comentario muy absurdo, por no decir otra cosa. Te tocó a tí y ya está, es mala suerte.. igual que al pobre autor del blog..

  12. Acabamos de encontrar el blog y a nosotros nos paso algo similar pero en Filadelfia en junio. Mas de cinco horas estuvimos retenidos sin saber el porque. Despues de interrogarnos, registrarnos todo, maletas, trolleys, bolsos, bolsillos, carteras, nos interrogaron otra vez por separado registrando todo por escrito y nos llevaron escoltados por dos policias hasta el siguiente avion de vuelta a Barcelona. Nunca explicaron porque aunque preguntamos, nos negaron poder llamar a la embajada y aunque desde España presentamos una reclamacion por escrito nunca han contestado. Nuestro aspecto es bueno, nivel economico tambien, no tenemos antecedentes y en todo momento colaboramos con el tramite. Especulamos que pudo influir no tener un plan de visitas muy definido con reservas de hoteles y fechas fijas.

  13. El 2006 me toco la pesadilla pero en Miami, una vez pasada la ventanilla de la migra me hicieron pasar a otra habitacion donde habian unos 20 individuos todos asustados, los oficiales iban venian llevaban papeles llegaban faxes y nosotros esperando, en total nos tuvieron unas dos horas, al final me dieron permiso por seis meses…..y saben que? anteriormente, hacia dos años atras trabaje (en dos periodos de 5 meses cada uno)de ilegal en usa e incluso tuve una cuenta bancaria donde me depositaban el sueldo y por mas que revisaron todo…no encontraron ningun registro mio …..jeje cosas de la vida (esa ultima vez fui de vacaciones porsupuesto)

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