Viaje a New York, día 1.

El viaje desde El Puerto de Santa María a Madrid ya no es lo que era. Ni siquiera Despeñaperros es una dificultad hoy en día. Autopista de peaje hasta Sevilla -la N-IV todavía no ha sido desdoblada, para que hablen de las modernizaciones de Andalucía- y autovía hasta Madrid.

Entonces llega la catástrofe: las circunvalaciones que te llevan a Todas Direcciones, así sin especificar, las radiales cada cinco kilómetros, las nuevas autopistas de peaje. Un maremagnum de carreteras, raquetas y puentes que se entrelazan para hacer que cualquier viajero se pierda. Y a fe mía que lo consiguen. O casi, porque viajar con GPS agiliza mucho a la hora de perder el rumbo. El caso es que llegar a Alcorcón no es demasiado complicado, siempre y cuando te mantengas alerta y no dejes que el tráfico te expulse de tu trayectoria -algo que ocurre con frecuencia-.

Lo peor llega una vez que llegas a tu destino, mientras buscas tu hotel, y el GPS te pide que mires a la izquierda. Allí está, pequeño, en medio de otros edificios, al otro lado de la autovía. Al lado al que no sabes llegar, claro está. Y mientras la muchacha escondida en el aparatejo te insta a dar media vuelta, tú logras agarrar a un transeúnte para que te explique como hacerlo. Así que ya está, tres rotondas, un cambio de sentido, dos puentes y un atasco después, llegas al hotel. Al hotel que no es, por cierto. Porque hay dos IBIS en Alcorcón y siempre encuentras primero el que no es tu destino. Así que en marcha de nuevo, y otra vez cinco rotondas, una M-506, media hora de coche y una vuelta al polígono de Ikea después, consigues vislumbrar el letrero del hotel.

Giras a la derecha, ves el cartel anunciador de la entrada a 50 metros. Y nada. No logras ver cómo demonios se accede al Ibis Alcorcón-Móstoles. Así que das la vuelta por la circulvalación, vuelves a donde empezaste y pruebas de nuevo hasta que se te enciende la bombillita y entras por la gasolinera.

Te ríes de tu torpeza, pero claro, está oscuro, no está indicado, y no había manera de saberlo, te dices. La risa se te congela en la cara cuando le das la vuelta a todo el recinto de nuevo, y te ves en la circunvalación. ¿Cómo se accede al puñetero hotel? ¿No saben lo que es un cartel de neón, algo que te permita ver una puerta? Al final, tras tres intentos, logras vislumbrar una puerta, cerrada.

Te acercas despacio, interrumpiendo el tráfico ¡¡y allí está el dichoso letrero, a oscuras y a cinco metros de donde se pasa con el coche!!

Y todo para llegar y encontrarte con que tu habitación tiene la calefacción a tope y es de fumadores y apesta a tabaco.

Leave Comment

You must be logged in to post a comment.