Ayúdame, que solo no puedo.

Anda en estos días ACOCEN -Asociación de Comercios del Centro- dando la vara al consistorio portuense. Bien está que exista una asociación en la que los pequeños comerciantes puedan aunar sus esfuerzos y ejecutar así la presión de un lobby. Digo que está bien, porque es poner la voz a los pequeños comerciantes y reivindicar lo que consideran mejor para ellos. Pero una cosa es luchar por los derechos de los comerciantes ejerciendo como grupo de presión o lobby y otra muy distinta es querer privar a todos los demás de sus derechos y tratar a los ciudadanos como a niños que no saben lo que es mejor para ellos.

Pues sepan, señores de ACOCEN, que los Bancos, Agencias de Viajes y Bares a los que ustedes pretenden negar el derecho de decidir dónde abrir sus puertas responden a una demanda de los ciudadanos, esos clientes que siempre tenemos la razón, y que queremos nuestra comodidad, por más que eso afecte a sus bolsillos.

Claro, todo el problema viene de lejos, y quieren hacer un gremio al estilo de las Farmacias -contra las que recientemente han hablado en el Consejo Europeo, por cierto- en contra de las ideas de la economía de mercado. Eso de la oferta y la demanda está muy mal visto por estos lares -ya hablamos de ello- y lleva a una actitud prepotente en la que un organismo particular y que no representa salvo a unos pocos, muy pocos en realidad, ciudadanos que tratan de imponer su criterio a los demás.

Por último, señores de ACOCEN, me gustaría hacerles ver un error de concepto en sus razonamientos:

Los propietarios de estas oficinas aprovechan el filón que están teniendo negocios como las inmobiliarias y las agencias de viaje en la ciudad, y suben los precios de sus locales. Para los comerciantes, esta circunstancia no hace más que trabar cualquier otro tipo de iniciativa que pueda resultar más atractiva para los consumidores portuenses.

No lo han entendido, es evidente: Los propietarios suben los precios de los alquileres porque hay demanda de los mismos, lo que significa que los bancos, agencias y demás comercios de los que tanto gustan hablar consideran ese precio como justo porque se ajusta a la rentabilidad del negocio. ¿Y porqué es rentable el negocio, me atrevo a preguntarles? Por lo mismo que se mueven ustedes, una palabra mágica que utilizan en el desempeño diario de sus funciones: Rentabilidad.

Y claro, la rentabilidad es sagrada: aunque para ustedes, la suya es más sagrada que la de los demás.

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  1. […] A este movimiento en contra de los intereses de los portuenses se ha sumado otro colectivo, el de ACOCEN, de los que ya he hablado antes en referencia a su manera particular de ver lo que interesa al ciudadano. […]

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