El día en que una ardilla salvó mi vida.

La carretera asciende tortuosa entre árboles, bordeando precipicios y estrechándose cada vez que cruzamos un puente sobre el nacimiento del Guadalquivir. Arroyofrío ha quedado atrás, y sigo camino de Vadillo Castril. Hace viento, las copas de los árboles se agitan a mi paso, mientras avanzo con el coche agarrándome a cada curva del camino. Y de pronto, una mancha en la periferia de mi visión atrae mi atención, pues comienza a moverse. Intuyo que la trayectoria trae a la mancha a la carretera, delante de mi. Y freno. Veo pasar a una ardilla caminando despacio, como dándose importancia por haber detenido mi marcha. Es entonces, en ese preciso momento, cuando el árbol frente a mí cae, abatido por el viento, en el lugar en el que debería de haberme encontrado de no haber sido por la ardilla.

Perplejo, salgo del coche y tomo una fotografía del árbol caído con mi móvil. Mientras tanto, otros coches se detienen y me ayudan a apartar el tronco.

Para mí, siempre será el día en que una ardilla salvó mi vida.

One comment
Leave a comment »

  1. Estooo, no es que quiera quitarle emoción al asunto pero me cohibe bastante que hables de mi como si no tuviera importancia, estaba en mi casa y tengo toda la importancia del mundo, aunque tu, humano, estuvieras invadiendo mis dominios.
    NO VUELVAS A ACERCARTE O EL ARBOL TE ACERTAR?

Leave Comment

You must be logged in to post a comment.