Increíble pero cierto.

Estoy en el aeropuerto de Valencia. Aparte del hecho de que estoy enganchado a una red libre mientras ellos intentan que le compre la conexión a Telefónica, estoy atrapado, literalmente, entre la incompetencia del personal de tierra del aeropuerto y de la página web de Aena. Si por casualidad no tuviese la oportunidad de conectarme (como de hecho no la tienen todos los pasajeros congregados alrededor de mi portátil), no me acabaría de enterar de que han cancelado mi vuelo. Porque sigue estipulada para las 19:35 de la tarde, tanto en monitores de la puerta de embarque, como en los centrales. El personal de tierra no sabe nada, tengo que esperar a alguien de Air Nostrum.

Y todo esto, para un vuelo a Sevilla de algo más de una hora de duración y de 100 euros de coste.

Acaban de anunciar que embarcamos. Ni los monitores, ni la página de Aena, han dicho nada. Menudos aeropuertos internacionales que tenemos.
Será mejor que me vaya, no sea que encima pierda el vuelo.

Actualización: Al final, hemos llegado una hora más tarde a nuestro destino, debido -según el personal del avión- a un retraso acumulado por culpa del aeropuerto de Sevilla.

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